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sábado, 13 de febrero de 2010

EL ATENTADO

Las olas espumosas de nubes, van llenándolo todo de rojo del crepúsculo y salpicándose de estrellas.
No sé donde estoy ¿Quizás muerto? ¿Soñando? No sé, pero ahora mismo me estoy viendo en una cama de hospital rodeado de batas blancas con caras de preocupación. Realmente tengo muy mal color y muchos tubos y monitores.
En otra sala veo a mi mujer, a mis hijos, a mi yerno y a un par de amigos del Partido.
Se puede vivir fuera de ti, de tu vida, de… ¿La nada?
Lo último que recuerdo es la carrera hacia el coche del presidente, tirarme al suelo sobre él y la detonación. ¿Quizás muerto? No me veo el cuerpo, pero estoy viéndolo todo desde algún lugar .
Mi mujer llora desconsoladamente. ¿Le ha compensado quererme con tanta entrega? ¿Tanto le he dado? Más bien no.
Nos conocíamos de la Facultad, pero no empezamos a salir hasta que coincidimos en varias reuniones del Partido. Cuando poco después me dieron mayores responsabilidades y tuve que mudarme de ciudad, renunció a su puesto y nos vinimos a vivir juntos. Ya mi amigo Manolo Ruiz le avisó y me dijo que perdíamos por mi culpa a una gestora de primera fila. El nos casó y luego vinieron Alberto y Luna.
¿Quizás muerto? Me causa miedo la ausencia, el olvido, o lo que es peor, que cualquiera te haga “su” juicio.
Viajes, reuniones, hoteles, viajes, reuniones, hoteles, etc., etc.…
Madrid, Barcelona, Bruselas, Roma, Estambul y otra vez Madrid. Nunca tuvimos casa propia. Siempre alquiler.
Mi familia por culpa de los viajes y el trabajo se convirtió en un matriarcado. Me perdí cuando los niños empezaron a hablar, andar y pedir pipí. ¿Mereció la pena? ¿Podría arreglar algo desde aquí?
Si en la realidad estoy muerto solo quedará el recuerdo de la persona y de lo hecho mal o bien. Creo que morimos de verdad cuando ya nadie nos recuerda. No quiero esa ausencia. No me gustaría morirme del todo. Estoy bien así lo veo todo y no tengo ningún sufrimiento.
Mi hija habla muy bajito a mi yerno que suelta lágrimas como puños. ¿Mi yerno? Pues no lo sé. Mi hija, que se fue de casa con veinte años, me lo presentó un día en el cumpleaños de su madre y ya siempre que veía a uno, el otro estaba a su lado.
Entre los dos montaron Fernaluna, mini empresa dedicada a la asesoría jurídica y fiscal. Fernando abogado, mi hija economista. Siempre me han querido devolver un dinerillo que les presté para la empresa. Yo les dije que lo consideraran Regalo de Bodas. Ellos se miraron y rieron a carcajadas. No sé. Por llevarme la contraria son capaces de haberse casado por la Iglesia.
¿Quizás muerto? Quiero salir de la duda. Ya no me veo en la cama del Hospital.
Sentado un poco retirado de los demás está mi hijo Alberto, leyendo la prensa del día. Nunca se llevó bien ni con su hermana ni conmigo. Quizás me faltó tener con él alguna larga conversación para conocernos. ¡Somos tan diferentes! Creo que lleva los mismos vaqueros traídos de EEUU y que le regalé cuando cumplió dieciocho años. No sé en qué trabaja ahora, ni si acabó Biológicas. Tenía un Vivero pero se cansó de él y lo traspasó hace dos años.
Me arrepiento de no haberme preocupado más de él, pero nunca me dejó un resquicio por donde entrarle.
No me gustaría morirme sin saber si me publican mi libro. Toda mi vida escribiendo para los demás y mi Novela no sale.
Se me van llenando los ojos de azul y se van borrando los recuerdos. ¿Quizás muerto?
Se me va yendo la vida como el humo de una hoguera en invierno.
Morirse con luna menguante, hace el más allá placentero.
Si aún nublándose el cielo,
Yo las palomas veía
Por qué no te retenía
En mi mirada de anhelo
Cuando yo ya me moría.

DEL PERIÓDICO “EL PAIS” DE FECHA 19 DE SEPTIEMBRE DEL 2009
En la tarde de ayer, murió en el Hospital Gregorio Marañón, el jefe del principal partido de la oposición. Como recordarán fue herido muy grave al interponerse entre el Presidente y el francotirador de ETA que disparaba a este desde un edificio cercano. Tenía cincuenta y siete años y una larga lista de servicios a su país y a su partido. La generosidad de este gran ser humano, es un ejemplo para toda la clase política siempre tan crispada.
El Jefe del Estado ha decretado tres días de luto nacional.
El entierro será estrictamente privado, por expreso deseo de la familia. Descanse en paz.



12 de mayo de 2009

J.M. Sánchez de Ibargüen R.

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