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martes, 23 de febrero de 2010

La crisis. Las crisis


A mi hijo: ¿te quieres creer, que anoche me dejaste el pánico en el cuerpo?
Si. Por tu comentario de que ibas a dejar de escuchar la radio, de ver la televisión, de ojear revistas y periódicos. Solo las malas noticias son noticias. Crisis, crisis, crisis. Porque te estaba afectando a tus miedos. Me quedé preocupado. Que parálisis durante unas horas. También para mí, al oírte.
Me he atrevido por primera vez a escribir aquella gran crisis que pasé un día de julio de 1997. Te la adjunto.
La clave en las crisis, es luchar como si no existiera.


Desafortunadamente para mí, esa mañana, me vino mi experiencia de estar en el mar, solo, a varias millas de la costa con oleaje de temporal. Y te cuento como salí de la crisis; la crisis está ahí y sólo los que se saben fuertes y luchan como si no existiera, consiguen vencerla.

Lo primero, al caer al agua, sobre las 18.00, fué comprobar que no me había dado ningún golpe que me impidiera el movimiento, ni que tuviera ninguna herida, es decir que mi cuerpo estuviera íntegro. Y con alegría lo comprobaba, que no tenía que estar atento a eso, y que al menos no habría esa preocupación.

Después de ese momento y con el barco que se alejaba a toda velocidad, me vino el pánico: “¡Dios mío, donde estoy!”, hiperventilación, necesidad de respirar muy fuerte y dejar de respirar al mismo tiempo. La ola tenía tal altura, que con el viento racheado duro, producía cortina de agua que me cubría la cabeza muchas veces. Resultado: un gran buche de agua salada me entró en la boca, una parte se fue para el estómago, y otra parte (supongo pequeña), para los pulmones. Imagínate, esto me provocó una angustiosa tos, que hizo que expulsara agua, y al mismo tiempo, con grandes esfuerzos nadaba hacia arriba, como queriendo salir del mar, para conseguir que no me entrara más agua. Por fin,... me regulé.

Me digo: "sólo respiración consciente, dirigida, por la nariz, lenta. “Así no te puede entrar más agua".
Luego miro la distancia a la costa y me digo que a nado es imposible. Si es que ahí ¡no se podía nadar!
Bueno, la idea es resistir, por muy mal y cabreada que estuviera la mar.
Pienso en la temperatura del agua, y me digo "son 19 grados, así mi cuerpo, puede aguantar tiempo" “¿cuánto? ¿4, 5, 7, 8,... tal vez 12 horas? Sí, ¿por qué no? Soy fuerte y estoy sano”.

Y me dispongo a vivir. Tengo un cuerpo fuerte y sano, y un paquete de estrategias mentales importantes, y alguna ayuda recibiré. Aunque realmente no pensara en que pudiera ser ayuda exterior; tenía la necesidad muy profunda de desecharlo. ¿Por qué? Porque en las crisis, los más débiles sucumben; porque siempre esperan la ayuda exterior, y no ponen suficiente energía y esfuerzo, para salir aunque nadie venga en ayuda.

Estudio la marea como puede estar. Estaba empezando a subir, y me acordaba del viejo vecino pescador de Barbate, que decía que “cuando la marea crece, el mar chico llena al grande”; luego las corrientes de marea van en dirección al cabo de Trafalgar, seguramente me irían pegando a costa. De nuevo revisaba la temperatura y los tiempos que un cuerpo aguantaría sin que empezaran los paralizantes y dolorosos calambres en las piernas.

Imaginaba que mi cuerpo flotaba más y mejor y adoptaba la posición corporal de una rana en un estanque, empleando mis extremidades de la misma forma, y la cabeza bien alta, hacia arriba, muy atenta. Me quedé parado en esa postura, como ellas hacen, pero al no sentir casi de forma inmediata mis piernas y brazos me asusté y corregí, realizando suaves movimientos en piernas y brazos, casi sin perder la nueva cualidad de rana que poseía.
Contaba las veces que hacía esos movimientos en periodos de cinco minutos. Igualmente atento a mi respiración, vigilando que fuera profunda, y todo el aire por la nariz.

Sentía frío en mis piernas y brazos desnudos, solo una camiseta, un bañador y unos mocasines.
Llegó un momento en que el miedo se apoderó de mí, de nuevo, como a la hora de estar en la mar agitada. Me digo, “Esto es para nada, nadie viene”. El cansancio, el frío y la desesperanza pueden conmigo. Justo ahí, como si fuera un milagro, de mi cerebro siento “gotear” una poderosa droga (adrenalina, serotonina,...), es muy fuerte el impacto sobre todo mi sistema arterial, venoso, y muscular. Ya no tengo frío, ni miedo, ni cansancio,... y decido seguir como “si no pasara nada”.

Al rato, llega un helicóptero, que rastrea la zona; muy lejos, veo movimientos en la carretera, paralela a la playa, me digo que será la guardia civil, socorristas, sanitarios,... Yo sigo, imperturbable, y me recuerdo con humor alguna vez, diciendo “croac”.

Ahora, a la media hora, de nuevo me aparece el frío, el cansancio, el pánico,... y otras maravillosas “gotas” se sueltan en mi torrente sanguíneo, y me recupero igual.

Aproximadamente a las dos horas, también viene un barco grande de salvamento marítimo, de color rojo butano, tan llamativo, y yo allí en medio, sin que nadie me pueda ver, ni encontrar; el helicóptero pasa por encima de mi cabeza varias veces, pero el oleaje combinado con el viento racheado, no le permiten verme; yo tampoco tengo ni aro, ni chaleco salvavidas, ni un silbato, ni una luz, que si serían llamativos, solo mi “cabecita” asomando.

No importaba. Yo a lo mío. Tenía una ayuda interior que no me esperaba, “las gotitas milagrosas”. Y seguía flotando y dejándome llevar.

Pensaba, que era posible. Cada vez tenía más fe en ello. Esperaba que estaría ya en tierra, y me acogerían, y que si no, tendría que salir del agua, continuar en movimiento, sin desfallecer hasta encontrar a alguien. Bueno, me pondría de pie, en medio de una de las carreteras, y no me movería.

Y así con un control consciente de todo lo que pasaba en mi cuerpo, podría aguantar.

Ya son aproximadamente las 21.00, dentro de media hora, poco más casi no habrá luz, y supongo que abandonaran la búsqueda. Efectivamente, poco después, el barco grande, que llevaba helipuerto para el helicóptero, ya abandona la búsqueda,... y comienza sus maniobras para volver.

Veo que se acerca a mí, es como si una intuición profunda inspirara al capitán; llego incluso a divisar arriba en el puente de exterior a una persona, que rastrea con la mirada, pienso, “el horizonte tremendamente enturbiado por el oleaje”.

Me digo, “que poca oportunidad tendré así”. De repente pienso, que tal vez mi sonido, le podría llegar; llevo unas tres horas y media en el agua; “tengo fuerzas aún, y muchas”, me digo,... y sin dudarlo empiezo a gritar, pero no entrecortadamente, sino un grito tan largo y sonoro, que me retumba muchas veces en mis oídos, hasta que me quedé sin aire.

¡Otro milagro!, el sonido ha llegado, le veo girarse y apuntar hasta donde ha escuchado el grito. Todo ya es muy rápido. Me digo: “seguro, seguro seré rescatado, no tendré que pasar por lo que me quedaba aún”. En 3-4 minutos, hay una lancha neumática, rápida, con grandes motores y tres personas fuertes, acostumbradas, geniales. Me cogen por los brazos y me sube arriba.

Casi no puedo moverme ahora. Llegamos al barco grande, y me consultan si puedo subir por la escalera de peldaños asidos al casco. Le digo que sí.

Ya pasó todo; ahora a la sala de calor, leche, coñac, cariños, ropa caliente; media hora más y rumbo a Algeciras, me llevan al puente de mando y el capitán me dice “ha tenido mucha suerte, ya abandonábamos la búsqueda, en este tipo de naufragio, la posibilidad es una entre un millón”. Luego la familia, me espera en Algeciras,.... y mantengo un estado de euforia, y excitación que no me abandona durante horas. Estuve diez días de recuperación debido al desgaste que causó en mis tejidos las “gotitas milagrosas”.



Para mi amigo Juan de José Manuel, ya que fué su experiencia.

2 comentarios:

  1. Que suerte tenemos todos de que hayas retomado tu casi olvidada pasión por la escritura...! Gracias a los talleres y a los Blogs por devolvernos a este poeta y periodista frustrado... Algún día tendrías que publicar aquellas cosas que le escribías a mama.... Besos

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