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lunes, 15 de febrero de 2010

Por qué se escribe

Si quisiera acordarme dentro de un día o de un año de lo que me ocurre hoy, o se me ocurre o veo a mi alrededor, o pienso, creo o me comentan, o lo que escucho o hablo ¿Cómo lo recordaría?
Lo pondría por escrito, aunque ya sé que hay otras formas más actuales de hacerlo: Grabadoras, videos, fotografía etc.
Y ya puestos a contarlo, quisiera que me supiera bien. O sea que tuviera estilo, fuerza, gracia, frescura, incluso me gustaría que tuviera credibilidad y sabiduría.
Pero no me digas aún nada: ya sé que no soy Cervantes ni Azorín ni Cortázar, pero quiero que lo que escribo suene tan bien, como La Filarmónica de Berlín tocando la Sexta Sinfonía de Beethoven. Yo lo intento con todas mis fuerzas cada día.
Y como hacerlo bien sin que se note. Hacerlo con la naturalidad con que el sol se baña en un atardecer del Mediterráneo. Sin espavientos ni tambores.
Pero luego pasa que no siempre escritor y lector ven las cosas de la misma manera, ninguno de los dos se pone en las neuronas del otro; es decir que no somos objetivos.
En mi caso me pongo a escribir lo que se me ocurre sobre el tema que sea, por muy bárbaro o retorcido que parezca, para después empezar a tachar, a desplazar párrafos enteros a otra parte de lo escrito, me invento frases o palabras que intento encajar en sitios que no me dicen nada. Creo algo que nada o poco tenía con lo que inicialmente quería escribir.
Al final tú lo lees y ya ves; bien pobre. Pero déjame seguir intentando esto que es importante para mí, aunque me digas que no te gusta, que está mal redactado, que tiene mucha hojarasca.


Déjalo. Si te regalo algo no creas que el envoltorio es el mensaje; busca el contenido y sonríe aunque no te guste o ya tengas dos de lo mismo. Para eso eres mi amigo.
Decía un escritor del que no recuerdo el nombre, que “La frase más corta es la más bella” y a mí se me ocurre que la mejor palabra es la que imagino y no la escribo.
Solo la muerte acaba con la palabra. Solo el silencio oculta el significado de lo dicho. No lo digas ni lo pienses. ¡Quédate callado! La más hermosa de las palabras nunca se dice.
Incluso me atrevería a decir que las palabras, cada una de ellas tiene su música y su sitio en lo escrito, de forma que constituyen una partitura y que del escritor depende que suene bien.
Por todo ello te pido, amigo, que me leas con cariño y que me riñas con benevolencia. Así como la crisálida sale de un capullo, sale la belleza y el corazón de una palabra.
Gracias lector amigo.

José Manuel Sánchez de Ibargüen R.
Febrero 2010-02-02

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